miércoles 25 de noviembre de 2009
Fragmentos de una deuda
sábado 21 de noviembre de 2009
domingo 15 de noviembre de 2009
sábado 7 de noviembre de 2009
NOS VAMOS A CUBA
domingo 25 de octubre de 2009
El ciclo de las rocas
sábado 10 de octubre de 2009
adoro la rima
martes 6 de octubre de 2009
HIJAS DE LA GRANDÍSIMA CULPA
Hace un par de años me inscribí en un taller de cuentos junto a otras cuarenta o cincuenta mujeres. Era gratis y nos obsequiaron a cada una con una carpeta, una libreta, apuntes y lápices, todo en un pack monísimo y recicladísimo. sábado 26 de septiembre de 2009
LAS HIJAS DEL PRESIDENTE
Lo mejor que puede pasarte una mañana cuando abres un periódico es encontrarte con los rostros pixelados de las hijas de algún presidente. Mucho mejor que las barbas zarrapastrosas de un terrorista afincao en una cueva, dónde va a parar. La foto se las trae, pa qué engañarnos, y a poca gracia que tenga una se le ocurre la primera : Aro, por eso las tenían tan escondías.
A partir de ahí compruebas que el resto de los mortales son capaces de análisis mucho más profundos. Algún especialista en moda y tendencia concluye que el gótico de las niñas es un estilo depassé, en gaditano depaché, usease de pa´echarlas. En su defensa, un sociólogo, muy fuerte, defiende que siempre lucirán mejor estas adolescentes que las poligoneras de tangas fuera der pantalón.
Un sesudo analista político interpreta en el atuendo un guiño evidente de solidaridad con las viudas chechenas, pedazo de arte, mientras que para un católico convulso está claro que la más chica de las hermanas es clavaíta al Rouco Varela.
Un picao de la ciencia ficción encuentra en la foto, por duplicado y revertido al femenino, la reencarnación, y tiene mérito el descubrimiento, de El amo del calabozo.
Los expertos en arte han visto un claro reflejo de Las Meninas, los etnógrafos aplauden la ocurrencia de haber llevao hasta el mismísmo Metropolitan el traje típico de León y los más moralistas se preguntan qué hacían las niñas, y esos padres negligentes, faltando esa mañana al instituto sin llevar siquiera un justificante.
Apocalíptico el antropólogo que asevera que después de esto el mito de la belleza española, definitivamente y sin mediar la Pantoja, ha muerto.
Aunque a mí personalmente, por aquello de la defensa del menor, las observaciones que más me conmueven son las que escapan de los márgenes de las hijas y ponen el ojo en los adultos. Un analista ecuestre le pregunta a la Sonsoles dónde se dejó el caballo.
Y me sumo también a los estudios comparativos, porque si he leído comentario juicioso es del que dice que pa fea fea, la hija de Aznar.
Bien vistas las hijas del presidente, antes de haberles estampao la goma de borrar en to las jetas, son unas muchachas guapetonas y cuando superen la fase ignominiosa de la pubertad seguramente llegaran a guapas y si no es así, y si no lo fueran, pues tanto importa. El caso es que a mí me han dao una alegría enorme pues no hay imagen que más me reconforte que aquella que revela lo multicultural, lo multiestético, lo diferente y lo valiente. Y si encima le sacamos punta ya es que me desternillo, porque tampoco hay que ponerse muy dramático y la foto, esa es la verdad, es de las que animan el día.
lunes 14 de septiembre de 2009
Hablamos a las cinco
Buenos días. Le habla su asistente virtual Mari Loli.
-Ah, pues tiene usted la misma voz que Gloria Swanson.
Quisiera informarle de la nueva Tarifa Plana de la compañía Lemon, compañía, como ya sabrá, líder en estafas de telecomunicaciones.
-Sí, gracias, uno con Larios.
Lemon le ofrece su tarifa plana de última hora; podrá llamar a fijos y a móviles por sólo 8 €. ¿Qué le parece?
-Pues no lo sé ¿Están grabando esta llamada?
Sí. Todas las llamadas están grabadas y quedan registradas por su propia seguridad.
-Muy bien, pues espere un momento que me llaman por la otra línea.
(Mari Loli espera un momento y entona mientras tanto The sound of silence.)
-¡Señorita Loli!
Mari Loli. Gracias. Esperándole, estaba. ¿Qué le parece?
- Mucho mejor que la señorita Glady de la compañía moviestrella. Ella me ha resultado más seca.
Bien, sí, me refería a nuestra oferta.
- Pues, a decir verdad, tendría que consultarlo. No estoy autorizado a contratar nada. Una vez compré un destornillador eléctrico y le di un disgusto tremendo a mi jefe.
Ah, claro. Temería un suicidio.
- Ya. Puede ser. Y usted ¿tiene jefe?
Por supuesto. Por quién me toma. Tengo varios.
- ¿Y piernas?
¿Qué piernas?
- Sí, que si tiene piernas.
No, por Dios, ¿y usted?
- No, no, ninguna.
Uf. Menos mal, creí que sería uno de esos tipos raros.
- Pues, ¿sabe qué le digo? Que para tener varios jefes, tiene usted una voz preciosa.
Gracias. Será que los trato poco.
- ¿Le puedo hacer otra pregunta?
Adelante.
- Dicen que las asistentes virtuales son mujeres muy frías. ¿Es cierto?
Depende. Aquí las hay muy pasionales, ¡con decirle que algunas mantienen relaciones extramatrimoniales con los clientes!
- Vaya, qué interesante. Y usted y yo ¿podríamos quedar alguna vez?
Me encantaría, pero con nuestra nueva estafa tengo mucho trabajo. Tal vez a última hora, a las cinco.
- Magnífico. De tarde me activan a esa hora; es cuando mi jefe abandona el despacho.
Por cierto. No le he preguntado su nombre.
- Oh, disculpe. Me llamo George.
George, ¿cómo George Eliot, la escritora?
- En efecto. Me lo puse en su honor, durante algún tiempo trabajé para ella.
Ah. No sabía que en esa época existía ya el contestador.
- No, no, es que por entonces trabajaba de ventilador de mano.
Vaya, desde luego es usted un tipo muy interesante. Le llamo a las cinco.
- Muy bien. Aquí estaré, parpadeando de impaciencia.
domingo 6 de septiembre de 2009
La vida subterránea de una bañera
Obsérvenla desde aquí arriba.
Ha llegado el momento. Ahora se extenderá sobre la bañera y la llenará hasta que el agua y la espuma la cubran por encima de los hombros.
Desvíen la vista ahora hacia uno de los márgenes del baño. Ahí están ocultas entre las sombras. Algunas hojas de afeitar aguardan como cada día junto a los botes de champú.
Vuelvan de nuevo a ella y esperen. Verán cómo los dedos de una mano buscarán las venas de la otra mano. Se pararán. Creerán haber encontrado el lugar más preciado de la herida. Lo rozarán. Lo seguirán rozando pero, en el calor de la fricción, serán invocados por el resto del cuerpo.
Algo les impedirá seguir la trayectoria de los dedos. Sumergidos en el misterio de un turbio océano, transcurrirán algunos minutos en los que sólo podrán intuir que el índice y corazón fueron absorbidos por alguna órbita incandescente.
Sumidos en la espera, de repente el agua empezará a borbotear y ella se agitará en pequeñas sacudidas.
Pero al poco, de nuevo, el remanso volverá al agua y la mano exploradora emergerá por debajo de la espuma.
No se marchen sin contemplar su última pose: su cabeza inclinada, sus ojos entornados; y descubrirán que hoy también habrá cumplido su propósito, pues estará muerta, sin duda; sin más zanjas en su cuerpo que aquella que un día la abrió a la vida, pero muerta, al fin y al cabo, agotada, inerte, electrocutada de puro placer.
miércoles 2 de septiembre de 2009
sábado 29 de agosto de 2009
EL ÁRBOL DE LOS ARTISTAS
A ver. Hoy me he levantado guerrillera. No sé con quién pelearme pero, de verdad, qué harta me tienen algunos. Mientras me hago un desayuno largo, de esos de fin de semana, leo en una entrevista que le hacen a una escritora a la que admiro - y de la que obviaré el nombre porque, en fin, una mala respuesta la tiene cualquiera - que los blogs, e imagino que se refiere a los literarios, son algo cada vez más extendido y, por ende, más calamitoso, siendo en su mayoría sólo una fuente de vanidad para su propio autor.
Cuando termino de leer, y tras volver a la cama y hundirme la cabeza bajo la almohada por mi condición despreciable, resurge un pensamiento que me acompaña desde hace tiempo y que, por pura inseguridad, o por no encontrar la ocasión (beneficio que hoy nos conceden estas herramientas), nunca antes había compartido.
De la manifestación que hace esta escritora y de otras tantas relacionadas que he ido escuchando a lo largo de mi vida, interpreto, y ojalá que me equivoque, que uno para expresar, en materia, sus emociones o sus ideas, tiene que ser un docto, un ingeniero, un genio. El resto, el común de los mortales, tenemos que contenernos o dirigirnos exclusivamente a nuestro círculo más cercano, pues cualquier intento de expansión se quedaría en eso, en pura vanidad. Como si la vanidad fuera exclusividad de los artistas, como si el denominado artista tuviera el monopolio de la creatividad, como si la creatividad, la intuición, la emoción, sólo les pertenecería a los que comen de ella.
Pues yo me niego, me sublevo, me amotino, me encadeno si hace falta, que pa estas cosas soy mu gitana.
Vamos por parte: La vanidad.
La vanidad tiene a mi entender un origen benévolo ya que parte de nuestra necesidad de ser reconocidos, escuchados, valorados. ¿Quién no precisa alguna vez, en el trabajo, en el lugar que ocupa en su familia, en la relación con los amigos, que le digan que lo que hace, dice o piensa les gusta, lo comprenden, aun cuando no lo compartan; que por esas cosas se sienten más cerca de ellos y del resto del mundo? ¿No es esa leve vanidad inherente al ser humano?
Decimos que los artistas son vanidosos, pero quién no lo es. Hasta la gente más humilde que conozco guarda un recodo de vanidad, aunque sea porque saben que algo de lo que tienen merece ser reconocido, por eso puedo comprender que en la medida en la que uno da más también espere más a cambio.
Otra cosa son los artistas pastosos, egocéntricos, esos que con causa o sin ella elevan la vanidad a la categoría del absurdo, esos a los que a veces esta sociedad imbécil venera como si la prepotencia los hiciera más artista, y no como lo que es, un obstáculo para llegar a su obra sin que te disuada su abominable condición humana.
Por otra parte: El arte.
El arte, como actividad o producto en los que hombres y mujeres expresan sus ideas, emociones o su visión del mundo ¿No os parece que esta definición tiene un contorno poco definido? ¿No os parece que esto pertenece al alma? ¿No os parece que está al alcance de todos?
Mi tío Juan era carpintero. Un manitas. Un corazón en las manos. Un creador. Me construyó un bargueño que ya quisieran los diseñadores de muebles de The Conran shop.
Tengo dos primas que vivieron su infancia, su adolescencia y su juventud en una Academia de Flamenco. Una se dedica profesionalmente a ello hoy en día; la otra nos baila en las bodas. Las dos, pura vena desde el cuello hasta los tobillos, son el deleite de familia y agregados.
Tengo un hermano que es un actor inconmensurable, no exagero, o sí, pero en todo caso es estiloso y creativo, y, aunque posiblemente no esté a la altura del Banderas, o sí, lleva veinte años acercando el teatro a la calle, poblando con arte la historia, lo mismo en las callejuelas de Vejer que en el barrio sevillano de Santa Cruz.
Si sigo con la lista, me encuentro con mi amiga Rafaela, que tiene invadida la mitad de su casa por decenas de cuadros cuyo concepto y técnica, al menos a mí, me impresionan y a poco que me detengo a observar fijamente la puerta de una casa en uno de los extremos del lienzo, me sale una vieja con un carro de la compra.
Podría seguir poniendo ejemplos hasta el anochecer. Sólo en materia literaria dicen que hay un ocho por ciento de población que escribe, ocho de cada cien con lo que calculo que sin salir de mi barrio me encontraría con decenas de personas que practican esta afición con mi mismo entusiasmo. ¿Qué hacemos con ellos? ¿Los encerramos? ¿Nos amordazamos, por no cumplir unos mínimos requisitos de calidad?
En definitiva lo que quiero decir es que, con independencia de la emoción que nos despierte el gran arte, el arte con mayúsculas, y la veneración que podamos sentir por todos los que nos levantan el vello, nos hacen sentir, pensar y darnos la vuelta , en fin, con todo el respeto que les tengo; artistas, lo que se dice artistas (qué expresión ésta más gaditana y más irreverente), somos todos, en todas las clases sociales y en todas las épocas, pues todos, de una forma u otra, buscamos materializar lo que somos, lo que sentimos y lo que pensamos; y me niego a creer que eso sea la naturaleza de unos pocos elegidos.
Luego otra cosa es que el arte sea de menor o mayor pureza, de menor o mayor trascendencia, que vaya del uno al infinito, que se comercialice o se regale, que nos quieran vender duros a cuatro pesetas, que nos estafen con bazofia, que se mercantilice con basura y que, por el contrario, se ignore y no se le dé oportunidad a lo que es realmente meritorio.
Esos son otros asuntos, y poco tienen que ver con el blog, al menos con este y con otros muchos que visito, donde de una forma inofensiva y gratuita diría que en algunos casos hasta generosa, uno se hace su poquito de arte con su mijita de vanidad, y escribe lo que quiere, cómo quiere, y para quienes guste.
Y que nadie nos tema. Al contrario, que quien quiera se sume. No sabéis cuánto me gustaría, de los que sé que me leéis, poder acercarme a vuestra forma de expresión artística, sea escuchando unos acordes de guitarra o saboreando algunas obras de arte culinarias (yo pongo el vino).
Lo maravilloso del arte es que es una fuente inagotable y no es privativa de nadie y, a modo de despedida, me viene ahora a la cabeza una cita estupenda que aquí os dejo, por si cuela y os animo.
La vida es como un árbol frondoso que con sólo ser sacudido deja caer los asuntos a montones; pero uno puede apenas recoger y convertir en arte unos cuantos, los que verdaderamente lo conmueven; (...) y lo bueno es que el árbol no se agota nunca; no se agotaría aunque los sacudiéramos todos al mismo tiempo, aunque al mismo tiempo lo sacudiéramos entre todos.” miércoles 19 de agosto de 2009
ÍTACAS Y PIANOS
Anoche, en un bar de Tarifa, en una conversación fugaz, una recién conocida me contó que empleó ocho años de su vida en estudiar piano.
Aquello se hubiera disipado como el hielo de mi daiquiri si no fuera porque aquella confesión contenía el rescoldo de una herida, pues concluyó la frase con un apocalíptico “…y todo para nada”
Tal vez por eso, cuando abandonamos el bar y los demás pasamos tocando las teclas afónicas y desgastadas del piano que decoraba la entrada del local, ella fue la única que no se dignó a mirarlas.
No quise preguntarle a qué nada se refería porque a menudo las nadas se parecen y supuse que, como las mías, tendrían que ver con los sueños incumplidos.
Quizá no culminó los estudios (estudiar piano debe ser el parto de la burra) y, como no me contó los motivos, me puse a imaginar que, tal vez, cerraron la fábrica donde trabajaba el padre, cayó en quiebra la economía de su familia, se lanzó a la calle a buscar empleo, se cortó varios dedos mientras fregaba un vaso en un restaurante japonés, acudió a un hospital para curarse, conoció a un enfermero amante de los niños, se casó, tuvo trillizos y decidió posponer su amor por el piano para tiempos más ociosos.
Puede ser. Pero también puede ser que un profesor del conservatorio la tachara de paquiderma cuando estaba interpretando Claro de Luna, lo que al cabo de unos días la llevó a darle la razón al atascarse una y otra vez con el Ave María de Schubert, lo que al cabo de unos meses, convencida de estar dejándose la piel, el dinero y la salud en algo que no la elevaría de la categoría de mediocre, la impulsó a cambiar de meta.
Al final, parecía claro que no había llegado a ser una célebre pianista y que ni siquiera el piano se había convertido en su profesión: ni era concertista ni se dedicaba a la enseñanza. Allí en los confines más remotos del abandono, a juzgar por su gesto oscuro, el piano no formaba ya parte del universo de sus aficiones.
Ocho años perdidos, la oí pensar, cuando pasó sin mirar por delante del piano.
Ocho años perdidos pensé yo, sin dejar de preguntarme desde entonces cuántos años perdidos no tengo yo en mi historial y, si al fin y al cabo, los puedo considerar perdidos; porque ¿son quizá perdidos los que tardé en destinar a mi primer novio (y al futuro bebé de rizos rubios, y a los viajes juntos a la India, y a la vejez de la mano) al vagón de los ausentes? ¿Son perdidos los que empleé tardes enteras en charlar con presidiarios? ¿O los que pierdo ahora, cuando me quito horas de sueño para dar un poco de vida, el agua que tengo, a las palabras de este blog?
Si es así, hoy escribo en un vertedero. Cada tecla muere después de ser tocada y, por el mecanismo de propulsión de las cosas inútiles, es arrojada a una pila inmunda de desechos.
En algo tenía razón la mujer del piano, si es que acerté leyéndole el pensamiento. Lo que no se consigue, por imposibilidad, por agotamiento, hacemos bien en desestimarlo. No le veo sentido a que nos empeñemos en un propósito si no podemos llegar a él, o si llegar a él ha dejado de sernos gratificante, por mucho que las películas americanas nos insistan en el "si luchas, todo es posible", porque no siempre es posible, y si lo fuera, a costa de qué.
En todo caso, allá cada uno, que no pretendo seguir la onda de Sergio Bucay o de Paulo Coelho.
A lo que iba es que me resulta un tostón creer que el camino es más gozoso que la meta. Para mí, si no hay meta no hay camino y si alguien me advierte de que en Ítaca no hallaré más riquezas que las que acumulé en el viaje, posiblemente perdería todo el interés y cambiaría de ruta.
Al fin y al cabo las metas me han mantenido en vilo durante las distintas etapas de mi vida y, ahora que lo pienso, ninguna otra droga me ha resultado tan estimulante. Eso, después de mucho elucubrar, debe ser porque aún puedo elegirlas. Si viviera en el tercer mundo o si me dieran una esperanza de vida de tres meses, posiblemente el intento de supervivencia eclipsaría gran parte de mis sueños. Por el contrario, si fuera un genio viviría obsesionada con la inmortalidad, con perdurar para siempre en la memoria colectiva; mientras que si padeciera una depresión grave, mi meta más ansiada sería seguramente la muerte.
Como, por increíble fortuna, no es el caso, al menos por ahora, puedo usarlas a mi antojo y, si quiero, puedo pudrirme en el empeño, pero también puedo, ese día que me despierto lúcida y me sorprendo nadando entre lodo, descartarlas y abandonarlas hasta mejor suerte.
Lo bueno con la edad, como decía Antonio Gala en La Soledad sonora, es que los castillos inexpugnables han sido ya expugnados; los acompañantes insustituibles sustituidos; los amores inolvidables olvidados… ¿olvidados? No, sino que fuimos embotando los largos filos que nos ensangrentaban. ¿Es que somos más fuertes? No, acaso es que somos simplemente más nuestros, y hemos ido cerrando las ventanas.
Por eso, tal vez, desde las ventanas que nos abre y nos cierra el tiempo, es bastante probable que una mañana nos despierte el canto de un pájaro extraño en una cornisa, o que el sol nos tiña de verde una de nuestras pupilas, o que veamos correr a una vieja arrastrando una pesada maleta, en fin, señales que emergen de cualquier parte para anunciarnos una nueva meta, fresca y escamondada, que viene a darnos vida nuevamente.
Entonces la podremos tomar con entusiasmo para que nos ayude a seguir adelante, aunque eso no evitará, me temo, que desde ese momento cuando pasemos por delante de un piano tengamos que apartar la cara.
jueves 30 de julio de 2009
Crónicas refrescantes
domingo 19 de julio de 2009
jueves 16 de julio de 2009
La sucesión de los fantasmas
Ven, le dice ella al hombre espía. Llevo toda la vida esperándote. ¿Son para mí esas acacias blancas? Sube. Te abriré mi dormitorio, tengo lámparas de araña y grandes espejos. Usaremos mi vestido como sábanas. Todo será como tú quieras: mis besos agua, mis ojos venas, mi piel luna creciente. Ven, hagamos nieve en las ventanas.No tiembles. ¿Temes que no sea una mujer buena?Ven mi luz inocente, mi amante breve, haz añícos los cristales de mi cuerpo.(Luego, calla y piensa:)Toma mi alma y hazla cenizas, que quiero volar al misterio.Yo necesito el descanso, a ti te mata el deseo.
jueves 9 de julio de 2009
Disquisiciones de una chirigotera
sábado 4 de julio de 2009
¿Qué ha pasado aquí?
*Para la princesa Ali, del blog de al lado. Gracias.
miércoles 24 de junio de 2009
¿Y tú? ¿Sabes quién eres?
domingo 7 de junio de 2009
Chocolate en el Atlántico
lunes 1 de junio de 2009
¿Quién no compuso alguna vez su propia canción desesperada?
martes 26 de mayo de 2009
La estafa de la conciliación
Razón de ser
Cuestión de altura
domingo 24 de mayo de 2009
Esta vida perra
martes 19 de mayo de 2009
Crepúsculo
viernes 15 de mayo de 2009
sábado 9 de mayo de 2009
Palabra de mujer
domingo 3 de mayo de 2009
El día de lo que somos
Cuánta habilidad, Marcela, para desafiar el tiempo, para caminar de puntillas sobre las predicciones del médico y para atrincherarte en algún lugar secreto en el infinito del útero, y todo para venir a nacer justo hoy, el día de las madres. ¡Qué lista!
Bienvenida, Marcela.
Pd: Felicidades a todas las madres, y a todos es@s (tíos, tías, amigas de la madre, etc) que con tanta destreza pretenden derrocarnos.
Me encanta este día, es como una escalera de identidad ¿no? Subes o bajas, y te encuentras que, con todo eso que te han dado, eres lo que eres.
*La foto de la imagen la ha elegido mi hija Irene.
jueves 30 de abril de 2009
aspirantes a microrrelatos
martes 21 de abril de 2009
viernes 17 de abril de 2009
miércoles 15 de abril de 2009
lunes 13 de abril de 2009
domingo 5 de abril de 2009